L’Esquella de Pardines. El mejor debut.

El sábado, 9 de Agosto fue la fecha elegida para la celebración de la primera edición de una carrera de montaña que dará mucho que hablar (y para bien). Los motivos para ello no pueden ser más numerosos y los iréis descubriendo con la narración de nuestra maravillosa experiencia.

Esta prueba contaba con determinados ingredientes realmente originales, como no desvelar el perfil del recorrido hasta pocas horas antes del pistoletazo de salida, el hecho de ser una carrera semi-nocturna, así como manifestarse como una auténtica fiesta del trail running con mayúsculas.

PerfilEsquella

Desde el primer momento nos sentimos arropados por el encantador pueblo de Pardines y sus gentes. El “buen rollo” entre organización, participantes y el más que numeroso grupo de voluntarios, hacia que te sintieras entre amigos, contagiándote inmediatamente del ambiente festivo que se respiraba en la Plaça del Padró, lugar destinado a las salida y meta y, realmente, punto neurálgico de la pre y post carrera.

Foto de la Organización.

Foto de la Organización.

Nada más darse el pistoletazo de salida, fuimos descubriendo los pormenores del recorrido, donde, de nuevo nos deparaban nuevas sorpresas, anunciadas como “Etapas”. Estas etapas eran los distintos desafíos que teníamos que afrontar a lo largo de los aproximadamente 22 kilómetros con cerca de 1800 metros de desnivel positivo acumulado.

Foto de la Organización.

Foto de la Organización.

Ya de entrada, la carrera arrancó en ascenso, pista ancha apta para evitar tapones y permitir a los corredores posicionarse y “entrar en calor” (damos fe de que se logró y en tiempo récord). En un momento y tras unos pocos kilómetros, se abandonó esta pista para entrar en un improvisado camino de hierba y piedras con acusada pendiente que evidenciaba que esta carrera no sería precisamente un “coser y cantar”. Cuando ya parecía que iríamos directos al cielo, ya que habíamos acumulado casi 500 mts. de desnivel positivo en poco más de 2 kilómetros y medio, se nos permite una pequeña tregua descendiendo suavemente por un divertido single track que ayuda a recordarle a los cuádriceps que, desgraciadamente, no les tocaba día libre.

Tras un rato sorteando piedras, raíces, charcos y terrones de hierba, se nos aparece ante nuestros ojos una empinada a la vez que preciosa subida en el que las piedras sueltas de pequeño tamaño acentuaban su ya de por si especial dureza. En sus últimos metros, una buena pandilla de voluntarios y aficionados nos alentaban fervorosamente a superar unos últimos metros en los que trepábamos más que caminábamos. Sus palabras (y “esquellazos”) de aliento eran más que bienvenidos.

Una vez superado este desafío (“Etapa”), donde llevábamos acumulados más de 800 metros positivos en 5 kilómetros, el “subidón” era sensacional. Toca de nuevo descender

Foto de la organización.

Foto de la organización.

de nuevo “semi campo a través”, iniciando así nuestra aproximación hacia de Sierra Cavallera, tendiendo la oportunidad de disfrutar de una perspectiva bellísima de su entorno. El descenso, aunque no contaba con excesiva pendiente media, ponía igualmente a prueba nuestra pericia y nuestras fuerzas dada la tecnicidad del terreno. Al acabar la bajada comenzamos un agradecido ascenso en suave pendiente, donde, si las fuerzas acompañaban, podía completarse corriendo en su totalidad. En este tramo pudimos compartir unos kilómetros con Karim El Hayani, obervando su perfecta técnica de barefooter. Al llegar al primer avituallamiento, situado el kilómetro 10 se produce una anécdota graciosa. Un espectador se asombra al ver a Karim correr con sandalias y le pregunta, ¿Qué modelo son esas? A lo que Karim contesta “Chancletas”. A continuación no duda en perder unos segundos haciéndose una foto con el curioso espectador.

Este avituallamiento estaba situado en el kilómetro 10. Justo antes de acometer la “sorpresa”, el “Desafío”, la “Etapa”, da igual como se le quiera llamar… lo más  “bestia” de toda la carrera. De entrada se nos presenta una tartera de piedras de gran tamaño en acusada pendiente, suavizada tan solo por la música en directo que amenizaba el gran esfuerzo que estábamos realizando para superar la colosal montaña de piedras. En un momento dado el trazado da un giro a la izquierda y, cuando empezamos a celebrar el haber superado la exigente tartera, se nos presenta una subida de hierba y piedra de una inclinación que se salía de lo “políticamente correcto”, solo superable con seguridad gracias al perfecto entramado de cuerdas fijas instalado para la ocasión. Aquí los brazos también se dieron cuenta de que no era día festivo y tuvieron que ponerse manos a la obra a fin de ayudarnos a completar esta “etapa” con éxito. Cuando por fin tenemos la oportunidad de soltar las cuerdas, descubrimos que nos estamos asomando a la cumbre del Puig Estela, donde nos esperaba otro buen grupo de gente animando con todas sus fuerzas.

Esquella3

Foto de la organización

La vista de la carena hasta el Taga desde este punto a esas horas de la tarde, en que el sol comienza a debilitarse por completo era un placer para los sentidos, aunque éstos, a estas alturas de la película no estuvieran precisamente al 100%. Sin perder un segundo acometemos este tramo, a sabiendas de que ya, algo más duro que lo que habíamos superado sería difícil que apareciera de nuevo (aun así hacemos nuestras cuentas con el gps para cerciorarnos en la medida de lo posible). Y así fue. Disfrutamos de la técnica bajada por la carena enfilando el objetivo más emblemático de la carrera y, al llegar a su cima de 2040 mts. de altitud, el “subidón” de adrenalina fue inevitable cuando un extenso pasillo de gente, blandiendo sus “esquellas” y antorchas, todo ello acompañado por música en vivo, nos recibe tan calurosamente que daban ganas de quedarse allí disfrutando de la fiesta de altura (y no lo decimos solo por la altitud) que había montada allí arriba . El caso es que el guión que estaba preparado para nosotros no era otro que el de descender a Pardines “por la directa”. Exigencia máxima para nuestros cuádriceps que, en más de una ocasión nos mandaron señales de que aminoráramos el ritmo.

Bajo la luz del frontal acometimos los últimos tramos de bosque y el camino en moderado ascenso que nos acercaría a Pardines. Nada más comenzar a transitar por sus calles, el calor de la gente iba en aumento hasta desembocar en un enorme pasillo de gente con antorchas que nos recibía del modo más emocionante que un corredor podrá vivir nunca al cruzar una línea de meta.

Tras la reconfortante ducha, gozamos con la cena dispuesta para la ocasión, así como del ambiente de fiesta que se prolongó hasta casi entrada la madrugada.

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El equipo organizador de L’Esquella de Pardines ha conseguido, con su debut, ofrecer una carrera perfecta, ya que ha cumplido con creces todas las expectativas que un corredor de montaña deposita cuando realiza su inscripción e, incluso, ha llegado a superarlas de largo en múltiples aspectos. En fin desde TrackinTrails solo podemos agradecer su enorme esfuerzo  y felicitarlos con el mismo cariño que ellos han demostrado por cada uno de los participantes en esta prueba.

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